CUANDO NO CUESTA LO QUE VALE

¿Y de que vas a vivir? Es quizá una de las preguntas que más se nos hacen a los diseñadores…  aunque según he escuchado también es muy común entre los pintores, bailarines, cantantes o casi cualquier profesión relacionada con el arte.

Y es que las profesiones relacionadas con el arte, rara vez son consideradas por el vox populi como “profesiones”.

Aún hoy en día mi mamá saca a colación el tema. Empieza platicando de algún pariente, conocido o incluso puede ser alguien random. La plática suele comenzar más o menos así:

-¿Ya viste? El hijo de mi comadre la gorda se metió a podólogo, nombre, dicen que le está yendo re bien. Ya hasta se compró un carrito…  Si quieres te pago un curso de eso, para que tengas de donde sacar dinero, y ya en tus ratos libres puedes seguir haciendo tus “dibujitos”.

Obviamente Seguido a este comentario pongo los ojos en blanco, me emputo, y pienso “pues me vale si le está yendo bien o no. Es más ni lo conozco al cabrón, además a mi eso de andar agarrando patas y cortando uñas no me gusta”.

Algunos otros diálogos de mi mamá suelen venir más o menos en la siguiente forma:

-Oye…  y ¿no has pensado en poner un puesto de tacos? (ésta es, diría yo el más popular)

-¿No te quieres meter a Nutrición? Yo te la pago.

-¿No te interesa ir a un diplomado de repostería? Para que tengas que vender y saques dinero

Bueno, así van la mayoría de sus diálogos en los que me sugiere quedito el estudiar una carrera adicional a la de diseñador gráfico, pues según ella dedicándome a esto solo voy a conseguir una sola cosa, morirme de hambre. Aunque no es la única, mi papá también a veces se le suma y uno que otro familiar, algunos con “buenas intenciones” y otros tantos con la mera intención de molestar.

Y si, si me emputa que me lo digan. Pero si hay algo que me encabrona en demasía es que me digan -¿y ahorita en qué andas? ¿Qué proyecto traes, o qué?- Siempre que me hacen esas preguntas me pongo a pensar “¿Neta,  o sea neta quieres saber?”, siempre trato de sacarle la vuelta a esa pregunta, me enerva que me pregunten qué estoy haciendo, porque les voy a contestar, y no me van a entender, me verán con cara de “ah orales que chido” mientras por su cabeza cruza un “y eso para qué vergas se usa o qué”.

Pero bueno, espero con lo de arriba haber dado un panorama de a dónde voy. Es difícil ser alguien con una profesión enfocada al arte, porque nadie valora nuestro trabajo…  ni siquiera nosotros mismos, para acabar pronto.

¿Pero dónde nace esta idea? De dónde viene la creencia de que el arte debe ser considerado como algo barato, pues la verdad es que no lo sé, no sé en qué punto de la historia universal fue que se concibió dicha ideología, pero al menos creo tener una pista de cuándo fue que esta idea nació en mi historia personal.

No sé si fue dios, o fueron los astros…  el destino o la vida quien me dio la habilidad para dibujar, pues desde que tengo memoria era algo que sabía hacer, obvio he ido mejorando a lo largo de los años… o al menos eso quiero creer, pero desde siempre me gustó dibujar, y además sabía hacerlo.

Me pasaba la tarde frente  a la televisión y dibujaba a mis personajes favoritos, entre los que destacaban: Cell de Dragón Ball Z, Vegueta, Goku, Algunos de los Digimon, Sailor Moon, Sakura, Aventuras en Pañales… Entre otros.

Me gastaba los lápices de la escuela y mis colores Mapita haciendo mis obras de arte, las cuales yo juraba me quedaban i-den-ti-cos a los de la tele, hoy que los vuelvo a ver me doy cuenta que no eran tan igualitos como yo pensaba.

Pero el punto es que me gustaba mucho hacerlos y por lo mismo de vez en cuando cometía el error de ponerles una bella dedicatoria en letra de molde que decía algo así como “Te quiero mucho mamá” y seguido a ello salía corriendo a regalarle el dibujo a mi santa madre.

Mi mamá los recibía, los sostenía frente a su cara y los analizaba como si fueran un bicho raro, como si no supiera qué era lo que tenía en las manos y por consecuencia no sabía qué era lo que debía responder al recibirlos. Me miraba después a mi, y fingía un “Ay, muchas gracias. Está muy bonito… Pero ya deja de perder el tiempo y ponte a hacer algo de provecho, ándale”. Y me iba yo muy feliz a hacer la tarea, contento de haberle regalado algo a mi mamá. A veces días después o a veces en el mismo día me encontraba mis dibujos en la basura, y se me partía el corazón. Una vez tuve el atrevimiento de preguntarle qué por qué los tiraba, que si no le gustaban, y ella me decía que si, que si le había gustado, pero que igual después le iba a regalar otro. Y que era mejor así para no acumular tanta basura.

Así pasaron los años y con el tiempo llegó el momento de darles a mis padres la “terrible” noticia, de que me quería dedicar al arte y hacer una carrera universitaria en Diseño Gráfico.  Ante la noticia trataron de convencerme de estudiar otra cosa pero me mantuve firme a mi decisión y no les quedó de otra, más de a huevo que de ganas me apoyaron y me gradué como diseñador gráfico.

Después viene el momento de salir al mundo y buscar un trabajo… Y bueno, la sorpresa viene cuando revisas las opciones y te das cuenta que el rango de sueldos para nuestra profesión oscila entre los $5,000 y $7,000 pesos mensuales…. Y es entonces cuando por tu cabeza resuenan las palabras de tu padres y tú mismo te dices “Fale ferga la fida…Me voy a morir de hambre”.

Soy feliz siendo diseñador gráfico, me gusta lo que hago… Mejor dicho AMO lo que hago, me llena de satisfacción tomar una hoja en blanco y terminar desarrollando toda una campaña, un nuevo empaque, la siguiente portada de una revista o el logo de una empresa. A veces tengo cerros de trabajo y me gasto los días y las noches frente a la computadora, pero no me importa, pues como dicen por ahí “Cuando amas lo que haces nunca será un trabajo”.

Hoy en día, quizá sigo arrastrando conmigo ese episodio de mi infancia. No me había dado cuenta, no había encontrado la relación de que inconscientemente quizá es por eso que mal barato mi trabajo, porque entre queriendo y no se me enseñó que eso que yo hacía era basura, y que encima era renovable, pues pronto haría más basura. Sigo poniendo un precio más bajo a mi trabajo del que debería ponerle, pues siempre entro con un precio en la mente pero salgo con una cantidad menor en el bolsillo. Y es que antes de decirle el costo original al cliente yo ya le puse descuentos en mi cabeza, sin que el cliente me los pidiera.

No lo había notado, no había hecho la reflexión de que quizá mal barato mi trabajo porque me cuesta mucho el verlo como tal. Sigo en el fondo pensando que los clientes son mi mamá y que ellos, así como ella verán mis diseños como basura… Pero hoy que me doy cuenta de la raíz del problema, tengo la oportunidad de cambiar las cosas.

Amo lo que hago, y lo que hago lo hago bien. Entonces lo que hago me debe dar para vivir bien.

Pero bueno, la realidad es que hoy por hoy el diseño está mal pagado, el pueblo en general tiene la idea de que el diseño es barato, pero quizá nosotros también contribuimos a esta idea al malbaratar y no darle el valor que nuestro trabajo se merece. Quizá debamos empezar por nosotros mismos, hacer el cambio desde nosotros para que poco a poco los demás cambien también.

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