CON EL MUERTO

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Ese domingo era su cumpleaños, y lo invité al cine y a comer, o a comer y al cine, que sería el orden exacto en el que se dieron las cosas, fuimos a Pipiolo de niños héroes, al principio fue raro volver a verlo después de tanto sin saber de él, y yo no lo había buscado, porque le tenía coraje, no coraje por haberse ido, coraje por haberme dejado, haberme dejado con ella, y haberme dejado ocupando su lugar en la casa. Era mi único amigo y me dejó.

Días antes le había mandado un mensaje por WhatsApp para ponernos de acuerdo, al terminar la platica le piqué a su información y vi su foto de perfil, mi papá con foto de perfil, quién hubiera imaginado, tenía ambos brazos a noventa grados, como un crucifijo, tenía una camisa de cuadros y paja saliendo por los puños de las mangas, un overol de mezclilla con parches y un sombrero, entendí que estaba disfrazado de espantapájaros, que quizá había ido a alguna reunión de Halloween. Se veía feliz, sonreía de oreja a oreja en una carcajada, mi papá en una fiesta, mi papá de Halloween, mi papá feliz, sentí gusto por él, no recordaba cuando había sido la última vez que lo había visto tan feliz, sonreí.

Oye, vimos a tu papá con otra mujer, llegaron los rumores un día a la casa, una amiga de mi mamá incluso llegó una vez a mandar una foto de la susodicha a mi WhatsApp, es morena. Después las lenguas decían que la mujer estaba embarazada, y luego que ya tenían una criatura, que lo habían visto muy de carriola por la calle.

Mientras comíamos yo esperaba el momento de escuchar de su boca algo al respecto de esa información, pero jamás menciono nada de la mujer morena, ni de su hijo nuevo, ni de si se llama como mi hermano Roberto, de lo que estoy seguro es que el niño es café, aunque no me lo ha dicho y no lo conozco puedo afirmar, que lo es, ese niño o niña, es café.

Al paso del rato, la platica comenzó a fluir y deje de sentirme extraño de estar con él, al fin es mi papá, al fin de todo es mi amigo, el que era mi confidente y mi apoyo cuando estaba en la casa, quizá se fue, quizá me dejó, pero ya no soy un niño, y durante el tiempo que el estuvo en casa, fue un buen padre, quizá muchos años no nos llevamos bien, yo siempre sentí que mi hermano era su favorito. Pero fue gracias a los viernes de baraja de mi madre que nos volvimos unidos, mi madre invitaba a sus amigas copetonas a la casa todos los viernes a jugar baraja y mi papá y yo tomamos la costumbre de ir al Block Buster a rentar películas para ver mientras las señoras jugaban al conquián, después empezamos a ir al cine y poco a poco nos fuimos conociendo, hasta que nos volvimos amigos.

Terminando de comer pedí la cuenta, y lo vi encogerse de hombros, comprendí que no tenía dinero, yo pagué, al fin que yo lo había invitado.

Ahora trabaja vendiendo paquetes funerarios, y la empresa le presta uno de los vehículos los fines de semana, me imagino que la empresa lo tiene en buena estima, siempre fue una persona muy responsable y cumplida con su trabajo, además, que sabe hacer de todo, es muy inteligente y repara casi cualquier cosa eléctrica. Fue así como llegamos al cine en una carroza funeraria, sin otro cadáver que el del recuerdo de mi papá en casa.

Faltaba poco para la función, pero nos daba tiempo de comprar algo, pedimos dos nieves Spyral de Crunch y entramos a la sala, 3 anuncios por un crimen, fue la película que vimos, la que nos volvió a unir, la que sirvió como excusa para que volviera a hablar con él,  fue por las películas que nos volvimos amigos, y fue por el cine que nos reconciliamos.

Me gustó volver a hablar con él, saliendo de la sala y compartir nuestros puntos de vista sobre la película, él siempre tenía buenas observaciones, y siempre ponía mucha atención a los detalles, a las cosas que nadie parece ver, a veces me molestaba que lo hiciera, en primera porque a veces me arruinaba los finales deduciéndolos a media película, como cuando vimos La Huérfana, que en la escena donde ella apunta a su hermana adoptiva y sordomuda con el revolver, mi papá al instante, muy serio y de brazos cruzados solo dijo, esa no es una niña, es una adulta enana, ninguna niña sabría usar así un revolver, y dicho y hecho, minutos después Esther se revelaba como una maldita adulta enana. Pero lo que más me molestaba de que lo hiciera, era que me hacía sentir envidia de no haber sido yo, quien se fijara en esos detalles.

Subimos de nuevo a la carroza funeraria y me trajo a casa, le pedí que me dejara en la esquina, no quería que mi madre supiera que lo había visto, paro el fúnebre vehículo y nos despedimos, hubiera querido platicar más con él unos momentos estacionados, pero no podía aguantar un segundo más, me estaba meando, así que la despedida fue rápida, y quedamos de volver a vernos para ir al cine, me bajé corriendo de la carroza con el bolis a reventar, y lo escuché arrancar a mis espaldas, llevándose al muerto.

 

 

 

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